Mujeres sin hacer, Arayn

“La Siempreviva es una planta vivaz que se cría entre rocas calizas, en los tejados, muros y minas. Tiene una roseta de hojas más o menos apiñadas, y del centro de la roseta, nace un tallo floral con hojas dispuestas imbricadamente. En su extremo brota un corimbo de flores rosadas con forma de estrella.”

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Hoy hace casi un año. La playa era Sheridan y el agua nos llegaba a la cintura. Había tanto que contar que abríamos historias y olvidábamos cerrarlas con las prisas de bebernos 30 agostos, una de otra. Con esa habilidad tan femenina de moverse en el tiempo sin perder el sentido, viajamos por soles y lunas, y en la escala de una estrella le pregunté si posaría para un proyecto que me estaba creciendo dentro. Sí, claro, me dijo. Ni media vez lo pensó. Qué linda.

Así que sí. Fue la primera. Ya habéis visto sus fotos, pero no os había contado de ella porque entonces el proyecto era un crío aún sin dientes. Y hoy que es su cumpleaños, quiero contaros que ella es la única que puede colgar letreritos de Coelho en su Facebook sin que se me vaya la mano al revólver. La única que puede citarme a Ricardo Arjona. Contaros que no hay una cursi más culta ni más encantadora.

Y que, ahora en serio, es una auténtica Siempreviva.

Una plantita que en la fragilidad tiene su fuerza, que invoca al sol y él siempre le responde. Que sobrevive a cada embate del viento y de la lluvia con más luz, y la reparte como si le sobrara. 

Y que te quiero mucho.

Feliz Cumpleaños!

anara

 

 

Mujeres sin hacer Book Project

Mujeres sin hacer es un proyecto fotográfico y literario, creado para celebrar y redefinir la belleza femenina después de los cuarenta,  sin retoques quirúrgicos ni digitales.

Gracias por vuestro apoyo!

 

 

 

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Por las dudas

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Hace un par de días llegó hasta mí la duda de una seguidora del proyecto. Ella se pregunta si las chicas que posan para Mujeres Sin Hacer, son todas esbeltas y de rostros angelicales. Y su pequeño reproche me ha provocado una reflexión, o dos, o tres.

La más reconfortante: somos el reflejo de lo que sentimos. Si nos sentimos guapas, esbeltas y angelicales, simplemente lo somos. ¿No es eso maravilloso? Ahora, tras esa duda suscitada, estoy más segura de ello, porque para Mujeres sin hacer han posado chicas de todas las edades, tallas, fisonomías, caracteres, ideales, y sin embargo ha surgido en alguien la pregunta de si responden todas a un mismo patrón. La respuesta es sí, responden todas al patrón de la naturalidad, de la feminidad, de las ganas de cambiar el mundo.

Yo no escojo a las modelos para el proyecto. Tan solo invito y trazo tres pautas: tener más de cuarenta años, no haberse sometido a cirugía estética alguna, y estar de acuerdo con que las fotografías sean publicadas sin ningún tipo de retoque digital. Luego retrato su mundo, y agradezco la decisión de todas ellas al unir su voz a la mía. Me da igual cuántas tallas separen a una mujer del patrón impuesto por los medios y la sociedad, si es una o son cinco da igual, porque a fin de cuentas nuestra celebración es la misma: vamos a permitirnos ser felices.

Mujeres sin hacer es un proceso, una marcha a la que cada vez se unen más viajeras (y viajeros: polizones valientes que no posan pero apoyan, comparten, respetan y avanzan junto a nosotras).

No me cansaré de daros las gracias.

Cambia el mundo, no tu cuerpo.

Mujeres sin hacer, la libertad

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La libertad no es la ausencia de una tiranía política, ni tiene nada que ver con el estado civil, ni con la independencia económica. La libertad es un estado más profundo del pensamiento, un par de alas en el corazón.

Si hace años las mujeres estábamos normalizadas por la moral (os dejo una “Guía de la buena esposa”, escrita en 1953, que me da mucho repelús, pero parece que así era: http://laoveja100.wordpress.com/2010/11/08/guia-de-la-buena-esposa-1953/ ), hoy, que triunfamos, salimos de copas con amigas y somos solventes, seguimos regularizadas, esta vez por la estética: parece que tenemos que ser eternamente jóvenes.

Un hombre de 45 años, pasea con holgura su barriga prominente, -producto del paso del tiempo, sí, pero también de una vida sedentaria y una ingesta generosa de cerveza-, en ocasiones le da palmaditas y le hace bromas. Mientras, una mujer de la misma edad, que ha tenido uno, dos, tres partos, y desde luego ha quedado marcada por esos embarazos, o que también ha bebido cerveza y no gusta demasiado del ejercicio físico, sale a la calle con la respiración contenida para disimular su abdomen, y sueña con someterse a una intervención quirúrgica que la libere de su bandullo, aún a riesgo de grandes y evidentes complicaciones médicas.

¿Alguien me puede explicar eso?

Vamos a permitirnos ser felices.

Mujeres sin hacer

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Hola!

Esta mañana me preguntaba cómo podría presentaros y explicaros mejor de qué va mi proyecto “Mujeres sin hacer”, ya que muchas amigas –y amigos- me preguntan en estos días y, aunque en mi cabeza lo tengo perfectamente dibujado, creo que el entusiasmo que el tema me provoca hace que las palabras trastabillen cuando intento exponerlo.

Pensando en ello, y vagando por Facebook, encontré un artículo genial, que equiparaba la imposición del uso del velo en los países árabes –cosa que tanto desaprobamos de este lado del mundo- con la coacción psicológica que representa la talla 38 para las mujeres occidentales, una meta humillante y además inalcanzable para la mayoría de nosotras. Os dejo el enlace por si queréis leerlo: http://orbitadiversa.wordpress.com/2013/10/02/la-talla-38-vista-por-una-mujer-arabe/

Esta mujer es de las mías, pensé. Y es que cada vez veo con más claridad que el cerco se estrecha en torno a las mujeres, y que aunque al mirarnos al espejo algunas mañanas nos veamos guapas, la publicidad, la televisión y las pancartas gigantes en las autopistas, se encargan no solo de convencernos de que no estamos bonitas, sino también de crearnos la absurda necesidad de pasar por un salón de operaciones para cumplir a pie juntillas con los cánones de belleza actuales.

Sin embargo, y pese a todo ello, yo conozco mujeres maravillosas que pasaron ya de los cuarenta, que no caben en una 38, que quizás nunca entraron en esa talla, que conducen cada día bajo el asedio de las pancartas en las carreteras sin rendirse a la “tentación”, y que, eureka, son felices! Sé que hay muchísimas, que son divertidas, valientes, apasionadas, espontáneas, y que no salen en ninguna publicidad, en ninguna pancarta… ¿por qué?

Yo quiero hacer esas fotos. No la típica fotografía posada que saca nuestro lado más flaco para obedecer a la autocracia de la talla 38, disfrazando lo que somos con un ángulo indulgente o unos pasos de photoshop. Quiero que reivindiquemos la alegría de ser mujeres atractivas sin pasar por el quirófano, la paz que hay en lo natural, la esencia de cada mujer, el compromiso con la vida. Creo que podemos descubrir muchas cosas juntas acerca de nosotras mismas. Serán fotos diferentes porque todas somos diferentes, hay un mundo en cada una de nosotras, no permitamos que nos clasifiquen.

Acepto voluntarias, si te sientes identificada con mi proyecto, escríbeme (a través de Facebook, o por correo electrónico –anaysblanco@gmail.com-), como prefieras, hablemos. Tengo una lista de entusiastas, pero cuantas más seamos, más reiremos!

Ah, el título! “Mujeres sin hacer”, de momento es temporal. Aquí en Miami he visto mujeres con cuerpos que parecen esculpidos y cuando se lo he comentado a algún amigo, me ha dicho: sí, pero ella está hecha. O sea, que su cuerpo se talló en un quirófano. Me parece muy bien, pero y las otras? Las que no lo hicimos, qué seríamos? ¿mujeres sin hacer? Pues eso.

Para terminar este post, y en clave de humor, os dejo la imagen de una especie de slogan que más de una vez he visto escrito con grafiti en los escaparates de las tiendas del Portal del Angel de Barcelona. Un estilo diferente de reivindicación 😉

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Vamos a permitirnos ser felices.