Mujeres sin hacer, Midiala

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Hace unos días, en el programa “Temas de mujer”, Vilma Petrash me preguntó si yo haría de mi proyecto “Mujeres sin hacer” un proyecto de vida. Y yo no sé si lo haría, pero desde luego sería lindo. Me encanta este proyecto por muchas cosas, por las grandes mujeres que conozco a través de él, y también porque desde el punto de vista profesional, artístico y creativo, me abre tantas puertas y ventanas que es como una casa nueva donde desde luego, podría quedarme a vivir…

 

Mujeres sin hacer, Tracy

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Hay un instante, durante mis sesiones fotográficas, un instante que va de sutil a intenso -como la llovizna se convierte en aguacero-, en que me encuentro de pronto con un duende, es tan pequeñito que se asoma al borde del lente de mi cámara, hace tun tún con los deditos, me sonríe, y me mira a través del cristal. Yo giro la cámara para buscarlo, pero no le veo, vuelvo a mirar a través del lente y allí está otra vez, mirándome con un toque rojo de magia en las mejillas…

 

Mujeres sin hacer, Arelys

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Para Arelys lo más importante nunca han sido los kilos de más, ha sido su trabajo, cocinar -que le encanta-, disfrutar de la vida -siempre dice que son dos días-, y desde hace cinco meses: Claudia, una preciosidad morena y sonriente que transformó su mundo en un jardín.

“Mujeres sin hacer” es, además de un proyecto fotográfico, algo así como una botella al mar. Entre todas, podemos enviar un mensaje muy bonito al mundo, mover el suelo debajo de las ideas preconcebidas, esas que auguran un futuro gris después de los cuarenta, a no ser que mantengas una rigurosa 38. La realidad la creamos todos, generalmente cada uno por su lado, en “Mujeres sin hacer” la estamos creando juntas!

Vamos a permitirnos ser felices.

Mujeres sin hacer, Mar

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Mar Güell es catalana, decoradora de interiores. Es sensible, desinhibida y enamorada de los personajes clásicos del cine. Me contó que una vez fue Gilda, para mí fue Marilyn en una sesión divertidísima que no olvidaré nunca. Me contó muchas cosas. Cada día del proyecto descubro algo nuevo, como que todas tenemos “heridas de guerra”, y que esas heridas, por incongruente que parezca, nos hacen más bellas.

Vamos a permitirnos ser felices.

Mujeres sin hacer, la libertad

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La libertad no es la ausencia de una tiranía política, ni tiene nada que ver con el estado civil, ni con la independencia económica. La libertad es un estado más profundo del pensamiento, un par de alas en el corazón.

Si hace años las mujeres estábamos normalizadas por la moral (os dejo una “Guía de la buena esposa”, escrita en 1953, que me da mucho repelús, pero parece que así era: http://laoveja100.wordpress.com/2010/11/08/guia-de-la-buena-esposa-1953/ ), hoy, que triunfamos, salimos de copas con amigas y somos solventes, seguimos regularizadas, esta vez por la estética: parece que tenemos que ser eternamente jóvenes.

Un hombre de 45 años, pasea con holgura su barriga prominente, -producto del paso del tiempo, sí, pero también de una vida sedentaria y una ingesta generosa de cerveza-, en ocasiones le da palmaditas y le hace bromas. Mientras, una mujer de la misma edad, que ha tenido uno, dos, tres partos, y desde luego ha quedado marcada por esos embarazos, o que también ha bebido cerveza y no gusta demasiado del ejercicio físico, sale a la calle con la respiración contenida para disimular su abdomen, y sueña con someterse a una intervención quirúrgica que la libere de su bandullo, aún a riesgo de grandes y evidentes complicaciones médicas.

¿Alguien me puede explicar eso?

Vamos a permitirnos ser felices.