Mujeres sin hacer, Elena

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Elena tiene una llave maestra que te abre la puerta hacia ti mismo. La tiene en su voz, queda y grave, en sus ojos cerrados, en sus asanas. Ella es el origen de esa frase mía… “Vamos a permitirnos ser felices”. Permítete ser, solía susurrar en sus clases de yoga, que tanto echo de menos…

 

Mujeres sin hacer, Liovis

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“¿Cómo surgió “Mujeres sin hacer”? ¿Cuándo se te ocurrió iniciar el proyecto? ¿De dónde salió la idea?”

Son las preguntas que con más frecuencia me hacen últimamente. Y creo que ya olvidé la primera respuesta que di. Nunca he sido buena para aprender discursos, pero más que por eso, olvidé la respuesta porque siempre que me preguntan tengo una nueva razón que complementa a las anteriores.

Diría que mi proyecto nació de observar el mundo atentamente y comprobar que las mujeres estamos muy descontentas con nosotras mismas…

Mujeres sin hacer, la libertad

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La libertad no es la ausencia de una tiranía política, ni tiene nada que ver con el estado civil, ni con la independencia económica. La libertad es un estado más profundo del pensamiento, un par de alas en el corazón.

Si hace años las mujeres estábamos normalizadas por la moral (os dejo una “Guía de la buena esposa”, escrita en 1953, que me da mucho repelús, pero parece que así era: http://laoveja100.wordpress.com/2010/11/08/guia-de-la-buena-esposa-1953/ ), hoy, que triunfamos, salimos de copas con amigas y somos solventes, seguimos regularizadas, esta vez por la estética: parece que tenemos que ser eternamente jóvenes.

Un hombre de 45 años, pasea con holgura su barriga prominente, -producto del paso del tiempo, sí, pero también de una vida sedentaria y una ingesta generosa de cerveza-, en ocasiones le da palmaditas y le hace bromas. Mientras, una mujer de la misma edad, que ha tenido uno, dos, tres partos, y desde luego ha quedado marcada por esos embarazos, o que también ha bebido cerveza y no gusta demasiado del ejercicio físico, sale a la calle con la respiración contenida para disimular su abdomen, y sueña con someterse a una intervención quirúrgica que la libere de su bandullo, aún a riesgo de grandes y evidentes complicaciones médicas.

¿Alguien me puede explicar eso?

Vamos a permitirnos ser felices.

Mujeres sin hacer

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Hola!

Esta mañana me preguntaba cómo podría presentaros y explicaros mejor de qué va mi proyecto “Mujeres sin hacer”, ya que muchas amigas –y amigos- me preguntan en estos días y, aunque en mi cabeza lo tengo perfectamente dibujado, creo que el entusiasmo que el tema me provoca hace que las palabras trastabillen cuando intento exponerlo.

Pensando en ello, y vagando por Facebook, encontré un artículo genial, que equiparaba la imposición del uso del velo en los países árabes –cosa que tanto desaprobamos de este lado del mundo- con la coacción psicológica que representa la talla 38 para las mujeres occidentales, una meta humillante y además inalcanzable para la mayoría de nosotras. Os dejo el enlace por si queréis leerlo: http://orbitadiversa.wordpress.com/2013/10/02/la-talla-38-vista-por-una-mujer-arabe/

Esta mujer es de las mías, pensé. Y es que cada vez veo con más claridad que el cerco se estrecha en torno a las mujeres, y que aunque al mirarnos al espejo algunas mañanas nos veamos guapas, la publicidad, la televisión y las pancartas gigantes en las autopistas, se encargan no solo de convencernos de que no estamos bonitas, sino también de crearnos la absurda necesidad de pasar por un salón de operaciones para cumplir a pie juntillas con los cánones de belleza actuales.

Sin embargo, y pese a todo ello, yo conozco mujeres maravillosas que pasaron ya de los cuarenta, que no caben en una 38, que quizás nunca entraron en esa talla, que conducen cada día bajo el asedio de las pancartas en las carreteras sin rendirse a la “tentación”, y que, eureka, son felices! Sé que hay muchísimas, que son divertidas, valientes, apasionadas, espontáneas, y que no salen en ninguna publicidad, en ninguna pancarta… ¿por qué?

Yo quiero hacer esas fotos. No la típica fotografía posada que saca nuestro lado más flaco para obedecer a la autocracia de la talla 38, disfrazando lo que somos con un ángulo indulgente o unos pasos de photoshop. Quiero que reivindiquemos la alegría de ser mujeres atractivas sin pasar por el quirófano, la paz que hay en lo natural, la esencia de cada mujer, el compromiso con la vida. Creo que podemos descubrir muchas cosas juntas acerca de nosotras mismas. Serán fotos diferentes porque todas somos diferentes, hay un mundo en cada una de nosotras, no permitamos que nos clasifiquen.

Acepto voluntarias, si te sientes identificada con mi proyecto, escríbeme (a través de Facebook, o por correo electrónico –anaysblanco@gmail.com-), como prefieras, hablemos. Tengo una lista de entusiastas, pero cuantas más seamos, más reiremos!

Ah, el título! “Mujeres sin hacer”, de momento es temporal. Aquí en Miami he visto mujeres con cuerpos que parecen esculpidos y cuando se lo he comentado a algún amigo, me ha dicho: sí, pero ella está hecha. O sea, que su cuerpo se talló en un quirófano. Me parece muy bien, pero y las otras? Las que no lo hicimos, qué seríamos? ¿mujeres sin hacer? Pues eso.

Para terminar este post, y en clave de humor, os dejo la imagen de una especie de slogan que más de una vez he visto escrito con grafiti en los escaparates de las tiendas del Portal del Angel de Barcelona. Un estilo diferente de reivindicación 😉

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Vamos a permitirnos ser felices.