Mujeres sin hacer, Tracy

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Hay un instante, durante mis sesiones fotográficas, un instante que va de sutil a intenso -como la llovizna se convierte en aguacero-, en que me encuentro de pronto con un duende, es tan pequeñito que se asoma al borde del lente de mi cámara, hace tun tún con los deditos, me sonríe, y me mira a través del cristal. Yo giro la cámara para buscarlo, pero no le veo, vuelvo a mirar a través del lente y allí está otra vez, mirándome con un toque rojo de magia en las mejillas…